SALIR CON LA MISA A CUESTAS

RECORDANDO UN FLASH MARIANO

¿PELIGRA EL CULTO A LA VIRGENCITA?

LITURGIA DEL DÍA

Lecturas diarias

martes, 14 de mayo de 2013

MARÍA EN LA LITURGIA

La Virgen María en la litúrgia
María es madre de la Iglesia, depositaria de las riquezas de la liturgia.
La Virgen María en la litúrgia
La Virgen María en la litúrgia
Después de Dios y de la sagrada humanidad de Jesucristo nada hay en el cielo ni en la tierra tan grande y tan digno de veneración y de amor como la Santísima Virgen.

Toda la grandeza y perfecciones le vienen a María por ser la Madre de Dios. Dice San Anselmo: “Lo que pueden todos los santos y ángeles juntos, tú lo puedes sola, María, y sin ellos”. Y san Luis María Grignion de Montfort escribe: “Dios Padre reunió en un solo lugar las aguas y las llamó mar, reunió en otro todas las gracias, y la llamó María”.

¡Qué importancia tendría María que el Concilio Vaticano II le dedicó un magnifico capítulo en la misma constitución sobre la Iglesia, para poner de manifiesto que María es madre de la Iglesia, de esa Iglesia fundada por su Hijo y la depositaria de las riquezas de la liturgia!


Pablo VI en su exhortación Marialis Cultus (el Culto a María) del 2 de febrero de 1974, profundiza las relaciones entre María y la liturgia. María es ejemplo de la actitud y disposición interior con que la Iglesia celebra y vive los divinos misterios. Por eso Pablo VI presenta a María como:


  • Virgen oyente: que acoge con fe la palabra de Dios, la proclama, la venera, la distribuye a los fieles y escudriña a su luz los signos de los tiempos.
  • Virgen orante: en la visita a Isabel, en Caná y en el Cenáculo, cuando estaba con los apóstoles antes de Pentecostés. En su oración alaba incesantemente al Señor y presenta al Padre las necesidades de sus hijos.
  • Virgen-Madre: aquella que por su fe y obediencia engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, sin intervención de hombre, sino cubierta por la sombra del Espíritu Santo.
  • Virgen oferente: en la presentación en el templo y en la cruz. Ofrece a su Hijo como la víctima santa, agradable a Dios, para la reconciliación de todos nosotros.


    El culto que María recibe en la Iglesia es un culto de especial veneración. No es de adoración, que sólo a Dios pertenece; pero el culto a María es superior al de todos los Santos. Y comprende tres actitudes:
  • Invocación y reverencia: invocamos y reverenciamos a la Virgen a causa de su dignidad de Madre de Dios y de su eximia santidad, concedida por Dios a su alma, y correspondida por Ella con su voluntad libre, consciente y amorosa.
  • Confianza: basada en el poder y a la vez misericordiosa mediación ante el Hijo. Ella es la Omnipotencia suplicante, dirá san Bernardo, y la administradora de las gracias de salvación de su Hijo Jesucristo. Por eso, le pedimos con confianza a Ella, para que interceda por nosotros ante su Hijo Jesucristo, el único que nos concederá lo que le pedimos y que en verdad necesitamos.
  • Amor fiel e imitación de sus virtudes: Ella merece nuestro amor como madre espiritual nuestra y al estar adornada de todas las virtudes, merece nuestra imitación. Debemos imitarla, sobre todo, en la vivencia de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad; también en la disponibilidad al plan de Dios, en la capacidad de contemplación y de abnegación; en esa humildad y sencillez, en su pureza de cuerpo y alma.



  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Antonio Rivero LC

    jueves, 2 de mayo de 2013

    FLASH LITÚRGICO: ¿CUÁLES SON LAS FUNCIONES LITÚRGICAS DE UN DIÁCONO?


    ¿CUALES SON LAS FUNCIONES LITÚRGICAS DE UN DIÁCONO?

    En honor del buen amigo y desde hace una semana, diácono, (Angel David Agudelo) pongo por ahora el presente flash para provecho de todos los amigos de este espacio de aprendizaje litúrgico. 

    Por una tradición que proviene de los Hechos de los Apóstoles, el diácono es visto como servidor de la comunidad, y esta función como servidor es la base para determinar sus varias actividades diaconales en una celebración. Como servidor, el diácono es el principal asistente del obispo o del presbítero que preside una celebración y también el principal servidor de la comunidad. Su papel es facilitar la celebración de la comunidad pero no conducirla él mismo.
    El Misal, en su tercera edición, enumera específicamente los varios ministerios del diácono durante la Misa (IGMR 171-186).

    Los textos hablados asociados al diácono incluyen la proclamación del evangelio, la Oración universal y las moniciones dirigidas a la comunidad: "daos fraternalmente la paz", "arrodillémonos", "inclinad vuestras cabezas para recibir la bendición" y "podéis ir en paz". En la Vigilia Pascual es función del diácono proclamar el pregón del Exsultet (si es capaz de cantarlo bien).

    Las actividades rituales del diácono incluyen el cuidado del Evangeliario y del cáliz. Respecto al Evangeliario, es él quien lo lleva con reverencia en la procesión de entrada y en la procesión del evangelio. El cuidado del cáliz se muestra en que es el diácono quien vierte el vino y el agua en el cáliz, mientras dice la conveniente oración, durante la preparación de los dones. También es él quien eleva el cáliz en la doxología final de la plegaria eucarística, y quien administra la comunión con el Vino a la asamblea cuando se hace bajo las dos especies, y consume luego lo que sobra del cáliz.

    El diácono es quien debe ocuparse de los diversos detalles de la celebración. Es como "la mano derecha" del que preside. Cuando asiste a la celebración, el diácono no usurpa el papel del presidente (pero tampoco los presbíteros concelebrantes deben usurpar la función del diácono). De hecho, tradicionalmente, el diácono nunca dice las oraciones presidenciales ni imita los gestos presidenciales. Por ejemplo, el diácono mantiene sus manos juntas mientras saluda a la asamblea al comienzo del evangelio (IGMR 175) y cuando da normas de actuación a la comunidad.

    En la celebraciones no eucarísticas, las funciones del diácono son semejantes a las de la misa cuando él asiste mientras otro preside. Pero si, por falta de obispo o de presbítero, un diácono preside un bautizo, una boda, un funeral o una bendición, usa los mismos gestos y textos que un sacerdote. Debería tener en cuenta, con todo, que su actuación como presidente en estos casos especiales es una innovación a causa de una necesidad pastoral. Así, lo que es apropiado para que lo hagan los diáconos en ausencia de un presbítero no necesariamente lo es cuando un sacerdote está presente.

    Los diáconos son ministros ordenados cuya función litúrgica primaria es la del servicio. En este ministerio, el diácono se convierte así en el icono vivo de Cristo, "que no vino a ser servido sino a servir".

                                                                         No te pierdas el próximo… ¡Es una nota!

    lunes, 18 de marzo de 2013

    FLASH LITÚRGICO QUINCENAL: ¿CIRIO PASCUAL DONDE NO SE CELEBRÓ VIGILIA PASCUAL?



    EL CIRIO PASCUAL EN LAS COMUNIDADES QUE NO HAN TENIDO VIGILIA: 
    Algunas comunidades no tienen la suerte de poder celebrar la Vigilia Pas­cual y tienen que juntarse con otras para una única Vigilia. ¿Qué se hace en este caso para que el Cirio presida las celebraciones de cada lugar de culto durante la Cincuentena, al lado del ambón de la Palabra?

    La solemne bendición del fuego y el encendido del Cirio, la procesión entrando en la iglesia a oscuras, la progresiva iluminación, y el gozoso canto del Exsultet (Pregón pascual) en torno al Cirio que representa la luz de Cristo en medio de un mundo a oscuras, son elementos muy significativos de la primera parte de la Vigilia Pascual.

    Pero cuando se leen con atención los textos de esta Vigilia, se da uno cuenta que el Cirio mismo no es bendecido: lo es el fuego nuevo. Inscribir en él la fecha del año y el Alfa y Omega, "Cristo ayer y hoy...", clavar los granos de incienso y encender finalmente el Cirio con las palabras “la luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu”, todo ello son ritos secundarios que subrayan la dignidad del Cirio Pascual. Pero no constituyen una verdadera “bendición del Cirio”.

    El Cirio Pascual es un símbolo clave durante la Pascua, y también en los bautizos y exequias. Por eso cada lugar de culto debería tener uno y encenderlo en todas las celebraciones del Tiempo Pascual. También allí donde no se ha podido celebrar la Vigilia.

    Si en la Vigilia que se celebra en la iglesia principal hay representantes de las otras comunidades que no la pueden celebrar, se podría hacer un rito sencillo, al final de la misa, antes de la solemne bendición de despedida, para significar que se envía este Cirio a los otros lugares de culto.

    Podría organizarse así. Un representante de cada comunidad trae al presbiterio el Cirio Pascual que han adquirido y que les servirá durante la Cincuentena. El presidente enciende cada uno de ellos tomando el fuego desde el Cirio único que ha estado brillando durante la celebración. Los representantes de las comunidades los llevan así, encendidos, en la salida los apagan allí, y luego los llevan a sus respectivas iglesias para entronizarlos al comenzar la misa del domingo de Pascua.

    Este rito no es una «bendición del Cirio» (en la Vigilia se bendice también sólo el luego, no el Cirio). Pero puede ayudar a conectar el Cirio de cada iglesia local con la celebración de la Vigilia allá donde sí se ha podido celebrar. Y es mejor hacer este rito al final de la Vigilia, para que no haya varios Cirios encendidos a lo largo de la celebración.

    La liturgia romana se caracteriza por su sencillez. Por eso, no tendríamos que ir creando nuevos ritos. Pero el misal supone que cada parroquia celebrará la Vigilia, situación que no se da en muchas ocasiones. En estos casos uno hace lo mejor que puede para que la presencia del Cirio exprese bien su relación con la Vigilia y siga siendo un brillante símbolo del Cristo Resucitado, que es para todos la luz del mundo.

                                                                                                Espera el próximo Flash....   ¡Es una nota! 

    domingo, 17 de marzo de 2013

    PAPA FRANCISCO... ¡BIENVENIDO!.


    lunes, 11 de marzo de 2013

    LOS ABUSOS LITÚRGICOS EN SEMANA SANTA

    UN VIDEO QUE NO DEBES PERDERTE




    viernes, 8 de marzo de 2013

    FLASH LITURGICO... ¿HAY QUE VOLVER A CUBRIR LAS IMÁGENES AL FINAL DE LA CUARESMA?



    Hasta el año 2002, la respuesta a esta pregunta sería claramente: "no". Pero ahora puede haber motivos de duda y sería bueno razonar sobre la conveniencia o no de cubrir las imágenes de las iglesias en las dos últimas semanas de la Cuaresma.

    Uno de los grandes impactos visuales asociados con la Cuaresma, prescrito por el Misal tridentino, era la práctica de cubrir con un paño las cruces e imágenes de la iglesia en las dos últimas semanas de Cuaresma, desde el domingo quinto de Cuaresma hasta el canto del "Gloria" en la Vigilia Pascual. Esta práctica era una de las maneras de señalar que las dos semanas antes del domingo de Pascua eran un tiempo especial, llamado “tiempo de Pasión”.

    La revisión del calendario litúrgico, en 1969, suprimió este período de “tiempo de Pasión”, omitiendo toda referencia a él. Además, esta revisión restableció la importancia del Triduo Pascual, que el Misal tridentino no mencionaba, que empieza con la misa de la Cena del Señor el Jueves Santo y termina en la tarde del domingo de Pascua. También restauró el especial ayuno pascual del Viernes y Sábado Santos. Además, determinó que la Cuaresma termina cuando va a dar inicio a la misa vespertina del Jueves Santo.

    La Cuaresma es vista ahora como un tiempo unitario que prepara la celebración de los misterios de nuestra redención durante el Triduo Pascual. Por tanto, las costumbres antiguas asociadas al Misal tridentino que dan importancia a las dos últimas semanas de la Cuaresma e ignoran la distinción entre Cuaresma y Triduo Pascual, no están en línea con la liturgia renovada y con nuestra comprensión actual de cómo hay quE preparar y celebrar la Pascual.

    El Misal de Pablo VI ha suprimido en la práctica esta práctica antigua. Pero por respeto a países que pueden tener un apego especial a esta costumbre, la tercera edición del Misal ha permitido a las Conferencias nacionales de Obispos que puedan decidir si esta práctica del Misal tridentino podría continuar en sus países. Esta opción tienen que tomarla los Obispos con una votación formal, como lo han hecho en relación a la comunión en la mano o a la comunión bajo las dos especies todos los domingos y festivos. Un Obispo en particular, y mucho menos un párroco o capellán, no pueden tomar esta decisión. (Cf. SC 22,3: Regla de oro)

    Por tanto, decidir la vuelta a la velación de las imágenes al final de la Cuaresma no estaba permitido hasta 2002. Es bueno reflexionar sobre el sentido de estas normas. El Misal y los Rituales renovados han simplificado muchas prácticas que se encontraban en los libros litúrgicos anteriores. Por ejemplo, ya no se pone sal en la lengua de los bautizados. El domingo de Ramos ya no hace falta que el sacerdote vaya repartiendo a cada uno las palmas bendecidas: el nuevo Misal dice que las tengan ya cada uno en su mano. Parecida simplificación se ve en la eliminación de la velación de cruces e imágenes en el Misal de Pablo VI.

    Aunque era un momento muy dramático de la Vigilia Pascual cuando durante el "Gloria", se descubrían las cruces e imágenes, también resultaba a veces un momento de distracción y humor cuando un velo se enganchaba y no se descubría como era de desear. Además, en las iglesias grandes hacía falta un pequeño ejército de ayudantes que fueran por toda la iglesia desvelando imágenes, además de encender las velas y sacar las flores.



    (Continuará en próximo flash......)

    jueves, 21 de febrero de 2013

    FLASH LITÚRGICO QUINCENAL MONSEÑOR… ¿Vasos sagrados de arcilla o cristal?


    FLASH LITÚRGICO QUINCENAL 
    MONSEÑOR…  ¿Vasos sagrados de arcilla o cristal?
    ¡Ojito con esto! No es legítimo usar cálices o copones, vasos sagrados en general, que no sean de un material noble y sólido. Y la afirmación viene, nada más y nada menos que de la Institutio General del Misal Romano (2002), núms. 327-333, que entre otras cosas reza así:

    “Entre las cosas que se requieren para la celebración de la Misa merecen especial honor los vasos sagrados, y, entre éstos, el cáliz y la patena, en los que se ofrecen, consagran y toman el vino y el pan (…) se han de preferir siempre materiales que no se rompan fácilmente ni se corrompan”.
    Y si aún no queda su merced satisfecho, remítase comedidamente para mayor precisión aún a la Instrucción Redemptionis sacra­mentum (2004), núm. 117. Es en este documento y número donde se dice explícitamente que:

    «se reprueba cualquier uso por el que son utilizados para la cele­bración de la Misa vasos comu­nes o de escaso valor, en lo que se refiere a la calidad, o carentes de todo valor artístico, o simples cestos, u otros vasos de cristal, arcilla, creta y otros materiales, que se rompen fácilmente».

    A mis amigos lectores que esto no se quede sólo en el papel o en la pantalla… también sobre la credencia y qué no decir: sobre el altar. Ténganlo en cuenta no solo por obediencia, no solo por la  gran dosis de sentido litúrgico que puedan tener sino también por puro sentido común que en ocasiones no escasas parece ser el menos común de los sentidos entre los que celebramos los santos misterios de nuestra fe.

    Mas claro no podemos expresarnos, se lo aclaramos a Monseñor, al padrecito, a los lectores de nuestro flash y a todos los que dedicaron un minuto para su formación litúrgica frente a estas letras.


     
                        No te pierdas el próximo Flash… ¡es una nota!

    sábado, 2 de febrero de 2013

    UN SACRISTÁN DISTRAÍDO





    El señor cura de un pueblecito estaba enfermo, y no pudiendo 
    celebrar misas, llamó al sacristán y le dijo: “Mira Tiburcio: como 
    tengo fiebre no puedo celebrar Misa. Pero me harás un favor. Toma papel y 
    anota para que anuncies desde el púlpito que estoy enfermo y no podrán 
    oír Misa el domingo; pero que eso no es pecado. Que mañana lunes se 
    casarán María Fernández y Juan Pérez. Que el miércoles no se puede 
    comer carne. Que el martes es la fiesta de San Pedro y San Pablo. Que el 
    jueves, víspera del primer viernes, se atenderán confesiones. Y que el 
    domingo se hará colecta para enviar el óbolo al Papa. También que la 
    cartera que se olvidaron en la iglesia, puede su dueño pedirla en la 
    sacristía. ¿Lo anotaste todo?

    - No Padre, pero me acordaré de todo perfectamente.

    Momentos después el sacristán sube al púlpito y dice:
    - El señor cura está enfermo y eso no es pecado. Mañana lunes se 
    casan San Pedro y San Pablo; pasado mañana María Fernández y Juan Pérez 
    no pueden comer carne.
    El jueves es primer viernes; y el domingo vendrá el Papa para 
    hacer colecta con la cartera que está en la sacristía.

    miércoles, 30 de enero de 2013

    FLASH LITÚRGICO: ¿Quién pronuncia la doxología?






    Iniciamos los cristianos el 2013 asistiendo piadosamente a la Eucaristía. Así mismo deseamos iniciar los flash litúrgicos dedicando el primero del corriente año a este misterio de nuestra fe. 

    Diremos así pues que afortunadamente, parece que de unos años para acá, se ha asumido que los concelebran­tes deben recitar en voz baja los textos de la plegaria eucarística que dicen simultáneamente, «para que se pueda oír clara­mente la voz del celebrante prin­cipal» (IGMR 218).

    Ahora bien, en cuanto el presi­dente de la celebración empieza el Per ipsum, en muchas ocasio­nes parece que a todos los con­celebrantes les hayan dado a la tecla del volumen, y recitan o cantan la doxología como si les fuera en ello la vida.

    ¿Es así como hay que proceder? Pues, francamente, no. La Institutio del Misal, en el número 236 lo dice clarito, clarito: «La doxología final de la plegaria eucarística la pronuncia solamente el sacerdote principal y, si parece bien, jun­tamente con los demás concele­brantes, pero no los fieles».

    O sea que el documento privi­legia que este texto tan solemne sea pronunciado sólo por el que preside; y simplemente concede que lo pronuncien los demás concelebrantes, si parece bien; es decir, como haciendo una con­cesión circunstancial, y siempre recordando lo que prescribe el número que citábamos primero: «Los textos que dicen simultá­neamente todos los concelebran­tes... los recitan... en voz baja». De esta forma se destaca mucho mejor, en significación mistérica, que uno solo es el que preside nuestra liturgia, el Cristo Señor.

    Si queremos, pues, que nuestra liturgia sea expresiva, y que la participación activa sea a la vez consciente, a veces habrá que pro­nunciar en voz alta y bien clara, y otras -como es el caso- será mejor callar y subrayar con nuestro silencio la palabra pronunciada con plenitud de sentido.

    A discernir cuándo conviene una cosa o la otra nos ayuda, no poco, los libros litúrgicos. ¡Que para eso están!.


                                                              Espera el próximo… ¡es una nota!

    martes, 4 de diciembre de 2012

    PADRECITO...¿EL ÁRBOL DE NAVIDAD ES LITÚRGICO?



    Ante la pregunta de este FLASH LITÚRGICO QUINCENAL detalla esto querido lector: La respuesta es tan clara como decirte que Sí y que No. Sí, en cuanto que en el nuevo bendicional (De Benedictionibus,1984; capítulo XXXIV) el árbol de navidad es un objeto formal de bendición y en las praenotandas se nos dice, palabras más, palabras menos, que la costumbre del árbol adornado en los hogares cristianos durante las fiestas navideñas, es recomendable, pues puede recordarnos que Cristo nacido en Belén es el verdadero Árbol de la vida; el árbol iluminado recuerda a Cristo Luz del mundo y además, dicha bendición la hará el papá o la mamá junto a toda la familia al iniciar la navidad. Luego, el texto de la bendición es bellísimo, entre otras cosas dirá: “…Concédenos, a quienes hemos adornado este árbol vivir a la luz de los ejemplos de la vida santa de tu Hijo…”
     Así pues, el árbol de Navidad representa ese árbol que nace y que con el tiempo madurará en un gran árbol del cual saldrá la cruz que tal como nos recuerda la liturgia del Viernes Santo: “Cruz amable y redentora, árbol noble y espléndido, ningún árbol fue tan rico ni en frutos ni en flor”.  Podemos decir que de alguna manera el árbol de Navidad nos recuerda la redención. Las luces representan la luz de Cristo en nuestra vida y la estrella que en algunas ocasiones se coloca en la punta representa a la estrella de Belén que anuncia la redención a la humanidad.  Así mismo, se asocia al árbol de Navidad con el árbol de la vida, que lucía en medio en medio del Jardín del Edén y después de la caída desaparece; la fruta y las decoraciones nos recuerdan las gracias y dones que el hombre tenía cuando vivía en el Paraíso en completa amistad Dios. Por el nacimiento de Cristo, los hombres renacen y tienen acceso a la plenitud de la vida. El árbol de Navidad representa el haber recobrado dichos dones gracias al sacrificio de Jesucristo.
     La respuesta del No, está motivada por el origen “extra-cristiano”, si me permiten el término, ya que una antigua creencia germana decía que un árbol gigantesco sostenía el mundo y que en sus ramas estaban sostenidas las estrellas, la luna y el sol. (Explica la costumbre de poner a los árboles luces). Era también símbolo de la vida, por no perder en invierno su verde follaje cuando casi toda la naturaleza parece muerta. En algunas casas en los países nórdicos durante el invierto se cortaban algunas ramas y se le decoraba con pan, fruta y adornos brillantes para alegrar la vida de los habitantes de la casa mientras transcurría el invierno.
     En fin, los árboles tienen un significado muy especial, sea antropológico, místico y poético en todas las culturas. Se le tiene cierta reverencia por los beneficios que aporta al hombre. Para algunas culturas el árbol tiene un significado místico ya que representa el medio la unión del cielo y la tierra: ahonda sus raíces en la tierra y se levanta hasta el cielo; por eso en muchas religiones, sobre todo en las orientales, el árbol es un signo de encuentro con lo sagrado, del encuentro del hombre con la divinidad y de la divinidad con el hombre.
    Para este tiempo de navidad, los datos que te presento en este flash, ayuden a iluminar su significado para los cristianos y su valoración para las familias que quieren celebrar con signos visibles el acontecimiento tan maravilloso de un Dios hecho hombre. Celebremos la liturgia familiar y eclesial con toda reverencia en torno a estos signos que nos hablan de alegría y salvación.

                                                                                ¡No te pierdas el próximo flash… es una nota!

    jueves, 15 de noviembre de 2012

    ¿CASULLA SÓLO PARA ALGUNOS?


    FLASH LITURGICO QUINCENAL
    ¿CASULLA SÓLO PARA ALGUNOS?


    No es raro observar en algunas concelebraciones que, sólo algu­nos presbíteros están revestidos con la casulla, es decir, el orna­mento que se prescribe para celebrar la Eucaristía, mien­tras que otros -normalmente la mayoría- van únicamente con la estola sobre el alba.

    ¿Qué decir de esta praxis? Pues, así, de entrada, que nos parece muy mal, porque no recoge el sentir de los libros litúr­gicos vigentes, introduciendo distinciones en el santuario de la iglesia -el presbiterio- que son ajenas al ser sacramental de la acción sagrada.

    Lo que prescribe la Institutio del Misal  (IGMR 2002) es muy claro: «Los concelebrantes... se revis­ten de los mismos ornamentos que suelen llevar cuando cele­bran individualmente» (núm. 209) y, acto seguido, afirma el texto que, cuando hay un justo motivo, como por ejemplo un gran número de concelebrantes o falta de ornamentos, los concelebrantes, «a excepción siempre del celebrante principal, pueden suprimir la casulla, lle­vando solamente la estola sobre el alba».

    A esta afirmación remite la Instrucción Redemptionis Sacramentum (2004), aña­diendo dos detalles interesantes: que cuando esta necesidad se pueda prever, «en cuanto sea posible, provéase», y que «los concelebrantes, a excepción del celebrante principal, pueden también llevar la casulla de color blanco, en caso de necesidad» (núm. 124).

    Se ve claro que los textos quie­ren salvaguardar la armonía del signo, de tal forma que, si todos los concelebrantes pueden reves­tirse completamente, lo hagan, y en caso contrario, que sólo vista la casulla el celebrante principal.

    ¡Ojo! En ningún momento se dice que todos los concelebrantes se pongan casulla hasta «el final de existencias», y que los demás vayan sin ella. Tampoco afirman los libros litúrgicos que algu­nos presbíteros, por razón de sus cargos diocesanos -u otras distinciones- lleven casulla. No lo dicen, porque en una asam­blea litúrgica no hay cargos que valgan, sino realidades sacra­mentales, y son éstas las sig­nificadas: obispo, presbítero, diácono, lector, acólito... Antes y después de la misa, un presbí­tero puede ser reconocido como Vicario general, por ejemplo, o como Delegado diocesano, pero durante la acción litúrgica no; allí es un presbítero, ni más ni menos, igual en sacramentalidad
    a los demás presbíteros herma­nos suyos, aún el ordenado la semana pasada, sin diferencia. Y esto no puede hipotecarse convir­tiendo los ornamentos sagrados en «distinciones honoríficas».

    Ya dijo la Constitución Sacrosanctum Concilium (¿se acuer­dan de ella, verdad?) que, «fuera de la distinción que deriva de la función litúrgica y del orden sagrado... no se hará acepción alguna de personas o de clases sociales» (núm. 32) en las accio­nes litúrgicas. (Regla de oro).

    Pues, esta voluntad del Concilio no sólo vale para la nave de las iglesias, sino también para sus presbiterios. ¡Parece que a veces más nos cuesta lo fácil.

                                                                               No te pierdas el próximo flash....¡es una nota!



    miércoles, 31 de octubre de 2012

    PADRE...¡ME TRAGUÉ UNA ESCOBA!


    FLASH LITÚRGICO QUINCENALPADRE… ¡ME TRAGUÉ UNA ESCOBA!

    No mijo… NO lo escuché en confesión sino que siguiendo las pautas del apreciado director del Instituto Superior de Liturgia de Barcelona, el P. Jaume González Padros (JGP) y con lápiz y tijeras en mano ante su nota en la Revista Liturgia y Espiritualidad,  presento este flash a manera de reflexión para los cristianos celebrantes que antes de salir de casa, se tragan el palo de la escoba, para estar en misa más tiesos que tal  escoba.

    A esos tales, les invitamos a que dejen más suelto su cuerpo y verán cómo, sin darse ni cuenta, empezarán a alabar a Dios, a orar, y harán experiencia más completa de la celebración litúrgica. No piensen que hacemos defensa del "muévase pues" en las celebraciones, solamente,  ni más ni menos, queremos comunicar lo que los libros litúrgicos de nuestra Sacra Liturgia romana nos enseñan.

    Porque en misa, como en los otros actos litúrgicos, también el cuerpo ora: levantarse, sentarse, arrodillarse, caminar, inclinarse profundamente, inclinar la cabeza, levantar la mirada, alzar los brazos, imponer las manos, entre otros gestos, tienen su importancia. Sin toda esta liturgia del gesto, la ritualidad desaparece, y se desactiva su valiosa espiritualidad hacia el individuo y la comunidad.

    Nos dice la  Institutio Generalis del misal (2002) en el numeral 42: “El gesto y la postura corporal, tanto del sacerdote, del diácono y de los ministros, como del pueblo, deben contribuir a que toda la celebración resplandezca por su decoro y noble sencillez, de manera que pueda percibirse el verdadero y pleno significado de sus diversas partes y se favorezca la participación de todos”. O sea que, sin la implicación del cuerpo, la acción litúrgica se presenta, ante los participantes, como disminuida, y no resplandece su verdadero y pleno significado.

    Por otra parte, si estamos pendientes de inclinar la cabeza cuando aparecen citadas juntas las tres personas divinas, los nombres de Jesús, María, o del santo en su fiesta (IGMR 275), si los ministros inclinamos el cuerpo en los demás momentos señalados, si nos arrodillamos en la consagración, o hacemos una profunda y adorante inclinación en el caso que no podamos arrodillarnos (43), si dejamos, pues, que ore nuestro cuerpo, estaremos en una tensión bellísima durante la celebración, donde cada gesto, cada palabra, serán preciosos, como lo son los de aquellos que se aman.

    Si dejamos que ore también nuestro cuerpo, el demonio de la rutina lo tendrá más difícil para despistarnos y llevarnos,  in mente et in corde, lejos del santuario (léase para nosotros “lejos del seminario”) la situación será evidentemente muy distinta a ir a misa con la escoba adentro.

    Conviene, pues, a todos, clérigos y laicos, dar un repasito a los números 42-44 y 273-277 de la  Institutio del misal. ¡Como mínimo!.  Leer estos textos y poner por obra lo que dicen hará posible y real la invitación del sacerdote al entrar en la gran plegaria: “levantemos el corazón” (“sursum corda”). Entonces sí que la oración será oración. O, ¿es que aún no te lo crees?                                                         
          
                                      No te pierdas el próximo flash …¡es una nota!

    lunes, 22 de octubre de 2012

    ''LA LITURGIA ES DE DIOS Y NO DE LOS HOMBRES''


    ''LA LITURGIA ES DE DIOS Y NO DE LOS HOMBRES''




    Afirmó el subsecretario de la Congregación para el Culto Divino, monseñor Juan Miguel Ferrer

    LA PLATA, lunes 22 octubre 2012 (ZENIT.org).- El subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, monseñor Juan Miguel Ferrer Grenesche, de visita en el Seminario Mayor San José de La Plata, Argentina, con el marco de los noventa años de su creación, hizo un encendido llamado a cuidar la Liturgia, “que es de Dios, y no de los hombres”. Una “liturgia manufacturada no vale para nada, porque es cosa nuestra. Podrá ser muy bonita y divertida pero no es de Dios. Y ‘sin mí, no podéis hacer nada’, nos recuerda el Señor”.
    Monseñor Ferrer --informa a ZENIT el Seminario Mayor de San José de La Plata en crónica enviada este 17 de octubre- llegó al Seminario acompañado por religiosas del Instituto Mater Dei, fundado en San Luis, por la madre María Jesús Becerra, con el apoyo del entonces obispo diocesano Juan Rodolfo Laise. Y fue recibido por el rector, padre Gabriel Delgado, los superiores de la casa; personal directivo y docentes, y por el casi centenar de seminaristas de todo el país, que allí se forman. Con posterioridad a su exposición, presidió la Santa Misa; y luego compartió el almuerzo fraterno, al que se sumó el obispo auxiliar de La Plata Nicolás Baísi, a cargo temporalmente de la Archidiócesis, por la participación de monseñor Héctor Aguer, en el sínodo sobre la Nueva Evangelización, que tiene lugar en Roma (ver: http://www.zenit.org/article-43300?l=spanish.
    La formación litúrgica en el Seminario
    El funcionario vaticano, quien fuera otro tiempo rector del Seminario Mayor de Toledo, en España, alentó a los formadores y seminaristas a vivir apasionadamente la formación litúrgica en el seminario, “que es la tarea más hermosa. Pues aquí, en gran medida, se juega el futuro de la Iglesia. Recuerden siempre lo que les pide el papa, queridos seminaristas: lo más importante es la relación personal con Dios, en Jesucristo. ¡Hacen falta mártires; testigos auténticos del amor de Dios!”.
    Añadió, al respecto, que “hoy tenemos retos semejantes en distintos países del mundo. La globalización trajo legislaciones que se difunden en las diferentes naciones; y que atentan contra los fundamentos mismos de la civilización. Apuntan a la secularización y laicización de la sociedad. Y hay grupos bien interesados en destruir lo que se oponga a ello. Por ello, ven a la Iglesia como un peligro para su plan de dominación. Porque no busca acuerdos, a medio camino, entre la verdad y la mentira”.
    Exhortó, entonces, “a no convertirnos en llorones; y a no quedarnos al borde del camino para lamentarnos. Debemos retomar intensamente nuestra identidad, y la conversión interior; la vocación a la santidad y a la misión. Allí apunta la Nueva Evangelización”.
    Aclaró, en este sentido, que “como bien nos lo enseña el Santo Padre, tenemos tres vías de evangelización: la ordinaria, en nuestras comunidades, con los fieles que están en la Iglesia; la misionera, allí donde no se conoce a Cristo, y la Nueva Evangelización, para todos aquellos que se alejaron o no viven, con intensidad, su práctica cristiana”.
    Remarcó, igualmente, que “durante toda su vida como teólogo, con anterioridad a su elección como Sumo Pontífice, el Papa nos enseñó la centralidad de Dios en la liturgia. Y hoy nos insiste con su ejemplo de liturgo, en la actitud ante la liturgia. Es, principalmente, su modo de celebrar el que demuestra la centralidad de la liturgia en la vida de la Iglesia”.
    Por ello, enfatizó, “celebrar los sagrados misterios es lo más importante en la vida de cualquier sacerdote, obispo y el propio Papa. Y, además, la forma en que el Santo Padre celebra se constituye en el modelo perfecto para toda la Iglesia”
    La liturgia no es teatro ni adorno”
    En esa línea argumental aclaró que “en la liturgia el protagonismo no está en el sacerdote, aunque sea el papa. El centro no es el papa; el centro es Dios. No se va ‘a ver al papa’, sino al encuentro con el Señor, junto al papa”
    Ejemplificó, en consecuencia, que “la liturgia no es ni teatro ni un adorno a la acción pastoral. Es escuela de vida cristiana; es la cristificación de nuestra vida; es volvernos hacia Dios. Por eso es responsabilidad de los pastores del pueblo de Dios, como parte de su oficio de amor, cuidar de ella. Y eso comienza aquí, en el seminario”.
    Tras recordar varios documentos del Magisterio de la Iglesia, como la constitución Sacrosanctum Concilium, del Vaticano II; La formación litúrgica en el Seminario, de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, y La formación espiritual en los Seminarios, de la Congregación para la Educación Católica, enfatizó que “la liturgia es escuela de fe y de vida cristiana, y debe impregnar toda la vida del seminario. En ella convergen el Magisterio, la Biblia y los Sacramentos. Por eso, ya desde el seminario, hay que vivir lo que la Iglesia nos pide el día de nuestra ordenación: 'Imita lo que tratas. Y configura tu vida con el misterio de la Cruz del Señor'”.
    Mutuo enriquecimiento de formas del rito romano
    Como conclusión, monseñor Ferrer exhortó a los seminaristas a fijarse en el modo en que celebraban la liturgia santos como san Juan, san Gregorio Magno, san Martín de Tours, san Felipe Neri, el Santo Cura de Ars (san Juan María Vianney), san Pío de Pietrelcina y san Josemaría Escrivá de Balaguer. “Todos ellos, y tantos otros, --subrayó- son muy buenos modelos a imitar”.
    Al final, varios seminaristas le hicieron diferentes preguntas. Y, ante una consulta, destacó que “debe evitarse la improvisación. Frente a una duda, consultar siempre con el que más sabe. Y, obviamente, con el obispo”.
    Igualmente se le preguntó sobre expresiones de uno de los ceremonieros del santo padre, monseñor Guido Marini. Y sostuvo que “es probable que vayan llegando normas sobre un mutuo enriquecimiento entre ambas formas del rito romano, la ordinaria y la extraordinaria”.

    lunes, 15 de octubre de 2012

    "EL CURA HONRADO... LEE TAMBIÉN LO COLORADO"


    FLASH LITÚRGICO QUINCENAL.

    “EL CURA HONRADO… LEE TAMBIÉN LO COLORADO”.




    Por este tiempo de los anhelados “exámenes de misa” como le llaman los alumnos del último grado seminarístico, o de arduo estudio de los diversos rituales para los alumnos de tercer año del teologado; es bueno repetir el título para toda la comunidad. ¡Cuántos colorados en esos textos!, esperemos que no estén en las calificaciones de los exámenes finales.

    Nos referimos pues a “las rúbricas”, o recomendaciones que los libros litúrgicos ponen en letra roja, en contraposición a lo que está en letra negra, que son los textos a proclamar. (Las hemos llamado en clase coloquialmente “négridas”).

    No tratamos en este flash de fomentar un nuevo “rubricismo”, con un cuidado angustioso para respetar hasta los mínimos detalles de esta letra roja. Pero sí de aceptar lo que en ellas hay de invitación a una actitud exterior e interior, a un talante celebrativo que toca sobre todo al que preside la celebración.

    Así, cuando el Misal, en letra roja, le dice al sacerdote que en la aspersión dominical, al inicio de la Misa, primero “se rocía a sí mismo”, le está diciendo que él es el primero que debe recordar que es bautizado y a la vez necesitado de purificación. Luego ya hará el gesto para con los demás

    Esta “letra colorada le señala al sacerdote con qué voz –clara y alta- debe decir las oraciones presidenciales, porque las dice en nombre de toda la comunidad. También que otras las debe decir “en secreto” (no dice que en voz baja, tan difícil ahora con potentes micrófonos) porque las dice en nombre sólo personal.

    Nos recuerda además el P. José Aldazábal que tan inconveniente sería una esclavitud escrupulosa a la letra roja como su descuido. Porque no está pensada para frenar y poner cortapisas al celebrante, sino al contrario: para irle indicando cuáles son las actitudes que mejor le ayudarán a él –y a los demás- a celebrar mejor.   

                                                   No te pierdas el próximo flash…¡es una nota!

    miércoles, 3 de octubre de 2012

    LITURGIA EN LA MISIÓN: ¿PEREZA O IMPRUDENCIA?


    FLASH LITÚRGICO QUINCENAL 

    LITURGIA EN LA MISIÓN:
    ¿PEREZA O IMPRUDENCIA? 



    Este flash tiene más de desahogo existencial que de doctrina litúrgica en este mes de las misiones y está motivado por la experiencia de algún grupo misionero de nuestra institución (SNCS) que experimentó muy de cerca el estrecho y peligroso camino de los abusos litúrgicos cuando alguien quiso ejercer la presidencia en aquella comunidad.  El título es para entenderlo en lo práctico.

    Así pues, en la única encíclica sobre la Sacra Liturgia (Mediator Dei en 1947) el Papa Pío XII describió dos clases de personas ante la celebración: los que no quieren cambiar nada en la liturgia…por pereza, y los que lo quieren cambiar todo… por imprudencia.

    Generalmente cuando estamos fuera del ambiente seminarístico, dígase en experiencia misionera o simplemente de paisanos en nuestros pueblos, constatamos que siguen existiendo los dos grupos. Algunos es que ni se han dado cuenta de que los libros litúrgicos, cuya finalidad es el bien pastoral de la comunidad que se preside, invitan a un sano pluralismo, a una adaptación sabia, a un margen de creatividad. Otros no han sabido ver las líneas teológicas y pastorales de los nuevos libros posconciliares, y se saltan alegremente sus normas, inventan la liturgia como Julio Verne sus aventuras, en aras dizque de una pedagogía, ¡muy mal entendida por cierto!.

    Los segundos, esos maestros de la imprudencia, es verdad, parecen más escandalosos, sobre todo cuando tocan valores centrales como la Palabra de Dios o la estructura incluso teológica de la celebración de la fe del pueblo de Dios; algunos se creen compositores del siglo V cuando el Espíritu mismo iluminó cómo elaborar la prex eucarística. Estos tales rechazan la sublime escultura literaria con la que la Iglesia ha orado por veinte siglos y la remplazan por sus palabras improvisadas y baladíes.

    Pero igual daño hacen los primeros, por su poca creatividad; aquellos que sólo se aprendieron la tabla del dos en las fórmulas litúrgicas que se pueden ir variando para la comunidad, esto es: la misma plegaria, la misma respuesta, el mismo canto y la misma cantaleta… más cuadriculados que el cuaderno de matemáticas de mi estudio primario. 

    Será bueno recordar las palabras de Pío XII a los dos: “No crean, sin embargo, los inertes y tibios que cuentan con nuestro asenso porque reprendemos a los que yerran y ponemos freno a los audaces; ni los imprudentes se tengan por alabados cuando corregimos a los negligentes y a los perezosos



                                                   No te pierdas el próximo flash… ¡es una nota!

    miércoles, 12 de septiembre de 2012

    PARROQUIAS CON UN COMITÉ QUE PRESIDE.


    FLASH LITÚRGICO QUINCENAL
    ¿TENEMOS EN LAS CELEBRACIONES UN COMITÉ PRESIDENCIAL?



    Hace no muchos días visitando una parroquia “moderna” de nuestra querida diócesis me encontré que la distribución del mobiliario del presbiterio estaba pensado para una misa tridentina de hace 80 años… (con todo respeto) pero siempre me dio la impresión de que las notas del Concilio Vaticano II no han entrado aún a estos sitios remodelados por sacerdotes nuevos pero de la vieja guardia con respecto a la Sede presidencial.

    Me explico. Los asientos de antes del Vaticano II eran una concesión a la debilidad humana. Un triple sentadero-descansadero para el sacerdote, el diácono y el subdiácono u otros dos servidores acólitos mientras pasaba el canto del Gloria o del Credo o mientras se escuchaba al predicador traído para las fiestas mayores.  Así las cosas, la Sede no era un lugar para la acción litúrgica pues ésta sucedía casi toda en el Altar.

    Pero sucedió que el Misal de Pablo VI volvió a establecer la sede presidencial como lugar desde el que normalmente el sacerdote que preside dirige ciertas partes de la celebración. Palabras más, palabras menos: se rescató el carácter simbólico de la sede y el papel del sacerdote que la usa. Por ello hay que poner cuidado para que no se oscurezca inadvertidamente el alto poder de este símbolo litúrgico.

    Para que no nos equivoquemos, vamos a la Tertia Editio de la Institutio Generalis que dice: “El asiento del diácono se sitúa cerca de la sede del celebrante” (310). Pero cuando se refiere a los acólitos y otros ayudantes, dice que sus asientos deben estar en el presbiterio, (188) y ser distintos de los del clero, y “desde los que puedan ejercer fácilmente su ministerio (189.310). Orientaciones parecidas encontraremos en el Ceremonial de los Obispos.

    Por lo tanto, teniendo en cuenta el carácter simbólico y pedagógico de la Sacra liturgia hemos de resaltar con la distribución de muebles que: Sólo hay un presidente de la comunidad, que ayuda a estar guiando su oración; además que es asistido por el diácono y que por la función coordinada que tienen estas dos personas, se sientan apropiadamente en asientos especiales y visibles a todos.

    En lo que respecta a otras personas (acólitos, lectores, ministros de la comunión, y mucho más aún…los monaguillos) se sigue que estos otros ministros deberían tener sus asientos aparte de la sede presidencial, de modo que puedan moverse con facilidad y discreción para realizar sus varios ministerios en torno a la sede, el ambón o el altar.

    Así las cosas, me estarás preguntando, apreciado lector, por el puesto de los padres concelebrantes. Pues bien, aunque los antiguos documentos sugerían que éstos se sentaban rodeando al obispo presidente, hoy en día esta disposición podría dar una imagen confusa al pueblo de Dios puesto que cuando los concelebrantes tienen sus asientos en una sola línea, todos mirando a la comunidad y llevan las mismas vestiduras sagradas, uno recibe la imagen de un comité que guía la celebración más que la presidencia de uno solo acompañado por otros sacerdotes.  He ahí la importancia de una sede destacada y bien entendida por los padrecitos “remodeladores de templos” ó “distribuidores de los ministros”


                                                                                      No te pierdas el próximo flash…¡es una nota!

    lunes, 3 de septiembre de 2012

    ¿PUEDEN LOS LAICOS PRESIDIR ALGUNA BENDICIÓN?



    ¿PUEDEN LOS LAICOS PRESIDIR ALGUNA BENDICIÓN? 



    Es una larga tradición que todos los cristianos puedan -y según cuándo, deban- pronunciar bendiciones: oraciones de alabanza y acción de gracias a Dios por los beneficios recibidos o plegarias pidiendo la ayuda especial de Dios por otra persona. A veces olvidamos que la oración de acción de gracias antes de las comidas es una verdadera bendición a Dios y, por tanto, bendición de los dones de alimento que él nos da, sea un obispo o un niño quien pronuncia esa oración.

    La tradición sugiere también que, como regla, cuando los que dirigen la oración comunitaria están presentes —obispos, presbíteros o diáconos—, el oficio de presidir determinadas bendiciones les debe ser asignado a ellos (cf. Bendicional 18). Esta norma no contradice la posibilidad de que un laico pueda dirigir la celebración de una bendición, pero sugiere una cierta jerarquía en la elección del que preside cuando la comunidad se reúne para la oración.

    La SC menciona específicamente la posibilidad de que un laico pueda ser autorizado a presidir las bendiciones y otros sacramentales (cf. SC 79). Uno de los primeros Rituales renovados en incorporar una plegaria de bendición dicha por un laico es el del Bautismo de párvulos: cuando un catequista bendice el agua si tiene que presidir el bautizo de un niño.

    Muchos de los ritos que hay en el Bendicional mencionan específicamente la posibilidad de que los dirijan personas laicas, por ejemplo cuando se bendice a los hijos. La introducción dice: “También otros laicos, hombres y mujeres, por la eficacia del sacerdocio común, del que se han hecho partícipes por el Bautismo y la Confirmación, ya sea en virtud de su propio cargo (como los padres con respecto a sus hijos), ya sea en virtud de un ministerio extraordinario, ya sea porque desempeñan una función peculiar en la Iglesia, como los religiosos o los catequistas en algunos lugares -a juicio del Ordinario del lugar, cuando conste de su debida formación pastoral y su prudencia en el ejercicio del propio cargo apostólico, pueden celebrar algunas bendiciones, con el rito y las fórmulas previstos para ellos, según se indica en cada una de las bendiciones” (n. 18).

    El que personas laicas puedan dirigir la oración y las bendiciones es una antigua tradición que se había medio olvidado en los siglos recientes por un exagerado énfasis en el ministerio ordenado. El Bendicional y otros libros postconciliares nos ofrecen la oportunidad de catequizar a nuestras comunidades respecto a estas bendiciones, y sobre la conveniencia de que los padres bendigan a sus hijos, que los padrinos y catequistas bendigan a los catecúmenos o dirijan oraciones de bendición y dedicación en otras situaciones.

    Esta reflexión sobre el ministro de una bendición debería conducirnos también a entender mejor el sentido que tienen las bendiciones. Las bendiciones nos pueden preparar para una más provechosa recepción, de los sacramentos. Por ejemplo, bendecir y dar gracias a Dios por nuestro pan de cada día nos puede preparar a celebrar mejor la Eucaristía. Orar para que Dios bendiga a alguna persona que está enferma nos puede preparar para celebrar mejor el sacramento de la Unción de los enfermos.

    Demasiadas veces en el pasado los objetos bendecidos han adquirido una importancia “cuasi-mágica” como si poseyeran más importancia, por ejemplo, que la celebración de la misma Eucaristía. Las bendiciones nos deberían ayudar siempre a referirnos a Dios y al amor de Dios sobre las personas y sobre la creación material, y a usar las cosas de tal modo que nos ayuden a construir el reino de Dios.

                                                                                                 

     Espera el Flash. ¡Es una nota!

    domingo, 29 de julio de 2012

    ¿DEJAR AL SACERDOTE CON LA PALABRA EN LA BOCA?


    FLASH LITURGICO QUINCENAL.

    ¿Dejar al sacerdote con la palabra en la boca?




    Este fotógrafo de la realidad quien gusta de elaborar estos flash, ha observado, no pocas veces, que el ministro que sostiene el libro ante el sacerdote durante la acción litúrgica se retira sin esperar que éste acabe la oración, es decir, justo cuando empieza la conclusión Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo..., cosa que significa, ni más ni menos, que el acólito en cuestión se retira, dejando al sacerdote con la pala­bra en la boca.

    A veces, la misma actitud del sacerdote alienta esta decisión, ya que al empezar la citada conclusión, como ya la sabe de memoria, aparta los ojos del libro (¡craso error!), lo cual es inter­pretado por el ministro como una invitación a marcharse con la música (léase misal o ritual) a otra parte.

    ¿Es correcta esta forma de pro­ceder? No. El ministro del libro no debe nunca retirarse antes de que el sacerdote haya acabado totalmente; es decir, se marchará a su lugar después que el obispo o el presbítero hayan pronunciado toda la oración (que incluye su conclusión). Sólo entonces, al escuchar el amén de la asamblea, podrá retirarse.

    No es elegante ni educado dejar a alguien con la palabra en la boca, y mucho menos si este "alguien" es quien preside in persona Christi capitis la sagrada liturgia. ¡Vamos, digo yo! Pues esta normatividad no aparece en ningún reglamentario… pero a veces el sentido común de seminaristas interesados en la liturgia aparece como regla.

    Ah… estoy cumpliendo en que estos “flash” sean más cortos.
                                                      
                                                           (Con aporte del apreciado P. Jaume González, actual director del ISLB)
                                              
    No te pierdas el próximo flash… ¡Es una nota! para mediados de Agosto. 

    miércoles, 4 de julio de 2012

    ¿UN MINISTRO PARA LAS HOJAS DEL MISAL?


    FLASH  LITURGICO QUINCENAL

    ¿Un ministro para las hojas del misal?




    No es difícil observar, especial­mente   en   liturgias   presididas por un obispo, que un minis­tro         -suele ser un diácono- se acerque al  altar para llevar a término la dificilísima misión de pasar página del  misal.  Es decir,  algo  que  debería  pasar inadvertido,   ya   que  no   tiene contenido     sacramental     nin­guno,   sino   sólo   práctico,   se convierte en un momento casi solemne:  el  diácono  en  cues­tión, ojo avizor, está atento a la línea que la pupila episcopal va leyendo, para acercarse ni antes ni después, y poder así, en pun­tual gesto, introducir su alar­gado brazo hasta tocar el misal y    habitualmente apartando al «concelebrante-chicle» (dícese del que está pegado como tal al presidente) con un suave y fraterno empujoncito-, cumplir la ímproba misión de girar la hoja del misal.



    Así pues, quien participa en la misa, tiene motivos de distrac­ción bien definidos en todo este movimiento, el cual se repite tantas veces como sea necesa­rio. Y el fiel que ve todo esto se pregunta ingenuamente: ¿tendrá artrosis aguda en los dedos el señor obispo o este padrecito que le impida dar la vuelta a una hoja de papel? O sea que la preocupación por la salud del prelado surge inmediata ante esta escena. Y decimos prelado, pero a veces no hace falta serlo para que se pueda observar lo descrito, sino simple presbítero, aún el formador de seminario.



    Pero, ¿qué dicen al respecto los libros litúrgicos? Pues bien poca cosa, como es normal, tratándose de algo tan nimio. En la Institutio del misal leemos esta breve indicación en el n. 179: «Durante la Plegaria eucarística, el diácono está en pie junto al sacerdote, un poco retirado detrás de él, para ayudar cuando haga falta en el cáliz o en el misal». Algo parecido leemos en el n. 215, en el apar­tado de la misa concelebrada: «El diácono desempeña su oficio cerca del altar en los momentos de ayudar, si es necesario, con el cáliz y el misal». En este mismo sentido se había expresado ya el Ceremonial de los Obispos, en el n. 153.



    O sea que, los textos citados nos hablan de un diácono que está junto al sacerdote -sea obispo o no- para ayudar cuando haga falta, o también, si es necesario, en el cáliz o en el misal. Se trata, pues, de servir cuando realmente se precise. Y por lo que respecta al misal, este momento necesa­rio puede ser cuando haya que encontrar un texto específico, que es posible que el presidente en ese momento no tenga loca­lizado (aunque también tiene tela que un obispo o un presbí­tero no sepan manejar con soltura el misal), pero realmente no parece que la Institutio se refiera al simple pasar hoja como una ayuda necesaria.



    Alguno podrá objetar que, haciéndolo así, se evita que el sacerdote tenga que bajar los brazos en la oración, a lo que respondemos que la naturali­dad del rito litúrgico incluye también estos gestos necesarios, y que bajar los brazos alguna vez es, incluso, un alivio para el orante, y no supone más inte­rrupción que el movimiento de una persona al lado del sacer­dote pasando páginas.



    Mensaje, pues, para los solíci­tos diáconos de nuestra comunidad y los celosos "cere­monieros" de turno: ninguna rúbrica obliga a pasar las hojas, sino que puede hacerlo tranquilamente quien tiene el misal delante y está presidiendo; es lo más normal del mundo.



    ¡Que un presbiterio no es el salón de té de la tarde en casa de una distinguida señora sonsoneña!.